El Palacio Rodríguez Peña fue construido por el arquitecto Juan Manzini en 1901 y su ambientación y decoración estuvo a cargo de Félix Boggio, quien colocara un Plafonier de bronce de 105 luces, que aún hoy ilumina cada gala realizada en el salón.

La historia del Salón está íntimamente ligada a la vida social que ha dado una fisonomía especial a la ciudad.
Nació junto con la Sociedad Filantrópica La Argentina, luego convertida en Asociación Mutual.
El salón fue construido en el año 1902 y desde esa época funcionó como lugar de encuentros sociales para sus afiliados. Dada su excelente acústica (en ese momento contaba con un piso de roble de eslavonia) en la década del 10, comenzaron a realizarse conciertos de música de cámara. La agrupación alquilaba el salón a los organizadores, entre ellos a Carmelo D’Amico, quien además, tocaba todos los sábados con su orquesta.

En la década del 30 se realiza el primer baile de tango organizado por los alumnos de la facultad de medicina. Los años cuarenta fueron la época de esplendor del salón, convertido en milonga, que ostentaba una asidua concurrencia.
Sobre su escenario, tocaron figuras de la talla de D’Arienzo, Pugliese , y cantaron Julio Sosa, Alberto Castillo, Ángel Vargas y el mismísimo Carlos Gardel, entre tantísimos otros.

Las señoras iban de largo y bien arregladas y los hombres pagaban diligentemente su entrada para poder invitar, sin palabras, sólo con el clásico cabeceo, a alguna señorita a bailar. La Argentina se caracterizó por su jerarquía, diferenciándose de otros clubes de tango porque no se verían allí ni las trifulcas entre compadritos ni al malevaje frecuente en otros reductos.
Desde los 70 a los 90 el lugar fue pasando por distintos inquilinos que han utilizado el salón para bailes y eventos sociales.
En el año 2001 cierra sus puertas y permanece cerrado hasta marzo del 2004 año en que comienza a funcionar la casa de tango Central Tango. En esta ocasión, se restaura por completo este antiguo salón social y se lo transforma en un moderno teatro con capacidad para 300 comensales y 60 personas en palcos. Asimismo, se reacondicionó el escenario (se agregó un segundo nivel para la orquesta) y se trabajó sobre la acústica e iluminación del salón.

Entre las tareas de restauración que se realizaron, preservando la identidad del lugar, se destacan la reconstrucción del cielorraso y el piso, la puerta principal, el frente, las molduras pintadas en oro y las tulipas del Plafonier de bronce. Asimismo, se incorporó un sistema de calefacción y refrigeración, se agregaron baños y se construyó una cocina con cámara de frío y bodega que permite una gran versatilidad en la gastronomía del lugar.

En este enigmático lugar funciona hoy el PALACIO RODRIGUEZ PEÑA. Descubrirlo es un privilegio.